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¿Qué es el sobrepeso y la obesidad infantil?

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa en el organismo que puede ser perjudicial para la salud. Son producto de una alteración en el balance de energía entre las calorías consumidas y gastadas.

En los últimos años, el sobrepeso y la obesidad infantil han aumentado vertiginosamente y se han transformado en uno de los retos de la medicina. 

Según datos publicados por el Ministerio de Salud de la Nación, en Argentina 1 de cada 3 niños en edad escolar tiene sobrepeso y el 6 % obesidad. Las zonas con mayor prevalencia se observan en la provincia de Buenos Aires y en la Región pampeana.

¿Cómo se determina?
Existen indicadores que son utilizados por profesionales de la salud como parámetros para poder diagnosticar estas patologías.

En los lactantes y los niños pequeños que están creciendo, la obesidad se mide según los "patrones de crecimiento infantil" de la Organización Mundial de la Salud(OMS): talla/estatura para la edad, peso para la edad, peso para la talla, peso para la estatura e índice de masa corporal para la edad y los datos de referencia sobre el crecimiento entre los 5 y los 19 años: índice de masa corporal para la edad.

¿Cuáles son las causas?
Entre los elementos que explican el aumento de las cifras de obesidad infantil es importante destacar los factores biológicos -genéticamente la humanidad está preparada para la escasez, para ahorrar, y esta propiedad aumenta cuando durante la infancia la alimentación no es buena-, un inadecuado acceso a alimentos saludables, la disminución de actividad física y la desregulación del mercado de los alimentos.

Por otro lado, la obesidad paterna aumenta 2,5 veces el riesgo de obesidad en sus hijos, la obesidad materna 4,2 veces y la presencia de ambos padres obesos les confiere un incremento de 10,4 veces en el riesgo de desarrollar obesidad.

En los últimos tiempos se ha producido una transición nutricional caracterizada por un aumento en el consumo de alimentos industrializados, con alto contenido graso, ricos en sodio y azúcares refinados, a expensas de una disminución en el consumo de cereales, legumbres, frutas, verduras y pescados, y con una deficiente cobertura de algunos minerales y vitaminas.

Otro factor importante es el incremento del sedentarismo, en donde los niños pasan mayor tiempo frente a la TV, computadora y videojuegos, dejando de lado actividades de mayor gasto energético como los juegos al aire libre y el deporte.

Todos estos hábitos poco saludables, se deben en gran medida al aumento de la inseguridad, que generó miedo en los padres, los cuales pasaron a preferir las actividades de sus hijos dentro de la casa. También se deben al menor tiempo destinado para la elaboración de alimentos, debido a que en muchas familias, el adulto trabaja y las limitaciones de tiempo afectan la capacidad de proveer a los niños de alimentos sanos, eligiendo en su reemplazo productos manufacturados, algunos de ellos pre-cocidos o de rápida preparación, generalmente ricos en sal, grasas saturadas, ácidos grasos trans, carbohidratos simples o azúcares refinados.

¿Por qué es importante poder diagnosticarlo a tiempo?
La obesidad ha mutado de ser una condición estética, para convertirse en un factor de riesgo para la proliferación de otras enfermedades causantes de una elevada morbimortalidad en la adultez. 

La infancia y la adolescencia son consideradas dos etapas fundamentales en la formación del ser humano para su crecimiento y desarrollo en las cuales debe recibir una correcta alimentación en cantidad, calidad, adecuación y armonía para así desarrollarse plenamente y en salud. 

Estar atentos a que los niños tengan una vida saludable es fundamental para poder diagnosticar el sobrepeso u obesidad y así evitar las complicaciones que estas enfermedades puedan ocasionar como también implementar un tratamiento adecuado a cada individuo.

¿Cuáles son los riesgos de no tratarla?
Los niños que tienen hábitos poco saludables desde la infancia, tienen mayor probabilidad a padecer sobrepeso u obesidad en la adultez; lo que hace necesario tenerlas en cuenta para su prevención la cual debe darse mediante un trabajo verdaderamente en equipo de los diferentes profesionales (nutricionistas, médicos, psicólogos, profesores de educación física), para lograr resultados efectivos y modificar los hábitos de la comunidad hacia un camino saludable.

El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades conexas son en gran medida prevenibles. Por ello hay que dar prioridad a la prevención del sobrepeso y la obesidad infantil, tanto desde el ámbito familiar, como escolar, sanitario y comunitario.

¿Por qué luchar contra estas enfermedades? ¿Se puede hablar de una epidemia?
Debido a los riesgos, no cabe duda que es muy importante que todos los sectores involucrados consideren implementar estrategias para prevenir estas patologías.

Conforme a la revolución del estilo de vida y al crecimiento del bienestar social, al florecimiento de la tecnología y, paralelamente, al reducido desgaste físico, el mañana no es propicio y la obesidad seguirá en auge en las próximas décadas si no se procede conscientemente para prevenirla desde el presente.

La OMS ha considerado a la obesidad como un problema de salud pública de carácter mundial, que es catalogada como una enfermedad crónica que trae aparejada comorbilidades en la edad adulta tales como: hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiovasculares, dislipemias, síndrome metabólico y algunos tipos de cánceres a edad temprana. 

Su alta prevalencia ha llevado a considerarla como una indudable epidemia.

¿Cómo podemos prevenir estas patologías?
En los últimos años y particularmente luego de conocidos los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizada en Argentina (2015) es evidente la importancia de la problemática del sobrepeso y obesidad y la necesidad de su consideración en las políticas públicas de alimentación, nutrición y actividad física. El enorme impacto de esta problemática excede la capacidad de respuesta del sector salud exclusivamente. 

El sobrepeso y la obesidad, así como las enfermedades no transmisibles asociadas, son en gran parte prevenibles. Para ello es fundamental que exista una comunidad comprometida y entornos favorables para apoyar a las personas en el proceso de realizar elecciones, de modo que la opción más sencilla sea la más saludable en materia de alimentos y actividad física periódica.

En el primer año de vida hasta los 6-8 años de edad es en donde se incorporan las pautas familiares, es por eso que es en esta etapa donde se deben brindar la mayor variedad de alimentos saludables, ya que estos hábitos incorporados oportunamente durante este período de edad, pueden persistir a lo largo de toda la vida.

Otro factor a tener en cuenta es el ambiente en el que el niño crece. Dentro del hogar, hay que considerar los niveles de actividad física, los hábitos alimentarios y los relacionados con la televisión y computadora.

En la sociedad actual, donde el rol de la mujer se ha modificado, se ve reducido el tiempo que los padres pasan junto a sus hijos, disminuyendo la posibilidad de jugar con ellos a diario o de realizar algún tipo de actividad física.

Los ámbitos involucrados en los que se debe accionar para la prevención son:
La familia: los padres son los principales responsables de la alimentación de los niños y transmiten sus creencias, tradiciones y prácticas alimentarias. Desde el embarazo es importante que la madre realice los controles médicos y nutricionales. Es una etapa propicia para hacer educación sobre la importancia de la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad, resaltando uno de sus beneficios: la protección contra la obesidad infantil.

El inicio de la alimentación complementaria es otra excelente oportunidad de asesoramiento por parte de los nutricionistas y que los padres sepan qué alimentos incorporar en cada etapa.

Es importante destacar que los padres y madres pueden actuar como agentes de cambio, modificando sus propios estilos de vida para poder transmitírselos a sus hijos siendo modelos de una alimentación saludable.

La escuela: este ámbito juega un rol importante para la prevención primaria. En este espacio los niños permanecen varias horas, que deberían aprovecharse para ampliar sus conocimientos sobre alimentación y estilos de vida saludables, y estimular la actividad física. 

Teniendo en cuenta que durante la jornada escolar los niños se ven enfrentados a tomar decisiones sobre su alimentación y que las intervenciones educativas pueden colaborar a crear hábitos, resulta un espacio propicio para ofrecer alimentos y bebidas saludables, realizar talleres de cocina, huertas, para promover una alimentación variada y completa, aumentar las horas destinadas a la actividad física y también incluyendo temática de alimentación y nutrición en la currícula.

Los medios de comunicación: los medios están presentes en la vida diaria de las personas, en especial la televisión e internet para los niños. Estos medios brindan una educación informal que resulta llamativa y en la cual hay que poner especial atención ya que el tiempo pasado ante estos medios desplaza el juego al aire libre y por este medio les llegan mensajes que los estimulan a consumir alimentos hipercalóricos.

Hay que destacar el rol de la publicidad, que trasmite mensajes nutricionales a través de sus eslógans y campañas, en algunos casos incorrectos, en su afán de vender un producto y generar una necesidad. Tiene como objetivo estimular el deseo y la necesidad de consumir. Sería apropiado utilizar este canal en beneficio de pautas saludables, ya que estos medios condicionan la elección y modifican conductas sociales.

El estado: tal como indica la OMS es fundamental que el Estado facilite información correcta adoptando medidas que aseguren tanto el suministro de información a los consumidores para facilitarles la adopción de decisiones saludables como la disponibilidad de programas apropiados de promoción de la salud y educación sanitaria. El área donde aún se ven falencias por parte del estado es en la regulación de la industria alimentaria en cuanto a los alimentos que brindan y los medios de comunicación.

Industria alimentaria: la industria alimentaria tiene un rol importante en la modificación y construcción de los patrones alimentarios actuales en los niños y adolescentes. 

Puede convertirse en un aliado valioso en la lucha contra la obesidad, pero también puede contribuir a agudizarla.

Para ayudar en la prevención, el factor que mayor importancia debería tener para la industria es el valor nutricional del alimento, que actualmente desempeña un papel secundario en la publicidad priorizando otras variables como: atractivo de la presentación, comodidad para su preparación, disponibilidad permanente en el mercado, aspectos en donde radica la principal desventaja de los productos industrializados.

Actualmente la industria utiliza principalmente ingredientes como azúcares simples y grasas hidrogenadas que elevan el valor energético del producto, aportando “calorías vacías” sin nutrientes esenciales. 

Las recomendaciones principales que las familias pueden tener en cuenta para la prevención son:
- Realizar visitas periódicas al profesional de salud para el control del crecimiento y desarrollo.
- Asegurar un desayuno completo: una porción de lácteo, una porción de cereal y una porción de fruta.
- Reducir el tiempo que los niños pasan frente a la televisión, computadora y videojuegos y fomentar la realización de actividades recreativas en espacios verdes.
- Integrar la actividad física programada a la rutina familiar. 
- Hacer las comidas en familia, en un clima agradable y realizar todas las comidas recomendadas para la edad del niño.
- Participar a los niños de la realización de la lista del supermercado, de la compra de alimentos y preparación de los mismos.

Marisa A. Salina
Licenciada en Nutrición
MP 19.306

Sobrepeso y Obesidad en Argentina (MSAL)
https://www.youtube.com/watch?time_continue=73&v=OzT0tXre8Jw

La Argentina encabeza el ranking regional de obesidad infantil
http://www.lanacion.com.ar/2061460-la-argentina-encabeza-el-ranking-regional-de-obesidad-infantil